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domingo, 3 de junio de 2018

"Perfecto!":LA PORTEÑA & BUD FREEMAN,verano del 75

 Convengamos que la Porteña para muchos de nosotros es practicamente eterna.Por eso nos resulta sumante raro encontrar un documento que pertenece a la epoca del blanco del negro.Era el verano del hemisferio norte del año 75 y la Porteña hizo una gira europea que quedo inmortalizada en aquel disco grabado en el "Festival de Breda".Recobrar imagenes de esa formacion "a todo color",ver en accion al legendario-y pelilargo- saxofonista Alfredo Espinoza no es suficiente porque a la fiesta se agrega nada menos que uno de los padre fundadores del Jazz.Nada menos que Bud Freeman,incansable caminador de Festivales europeos desde su adoptivo hogar londinense.


Es probable-aunque no seguro-que haya mas material de este programa de la Tv suiza que segun cuenta el guitarrista italiano Lino Patruno en su blog habria reunido -aparte de la Porteña y Bud Freeman -a otro viejo conocido del Rio de la Plata:el trompetista (y guitarrista)Oscar Klein,ex-"Estudiantes Holandeses" .Tal vez tengamos mas material en el futuro para sorprendernos.Como dice Bud Freeman al final :"Perfecto".
Esta era la formacion de la Porteña en aquella gira del 75:Martin Müller, José A. Canci (cnt) Luis Parella Terreill(tb) Fernando Grano Cortinez (tb valvulas) Gino Costello (cl,as) Giancarlo Moruzzi (cl,ts) José Ignacio Mazzanti(sop) Alfredo Espinoza (as) Ignacio Romero (p) Raul Grano Cortinez (bj) Carlos Balmaceda (tu) NorbertoMendez (bat)

*Los solistas que aparecen en el video junto a Bud Freeman y Lino Patruno,circunstancial contrabajista :

Ignacio Romero piano /Martin Müller,corneta/Luis Parella Terreill,trombon/Alfredo Espinoza,saxo alto/José Ignacio Mazzanti,saxo soprano/José A. Canci,corneta/ Giancarlo Moruzzi ,saxo tenor,Fernando Grano Cortinez ,trombon a valvula.Tambien participan Norberto Mendez en bateria y Raul Grano Cortinez en guitarra .



(*)Las hermosas fotos en blanco y negro  de la Porteña Jazz Band fueron tomadas por Johan van Gurp en el Festival de Breda el 10 mayo de 1975 y pertenecen al Archivo del Ayuntamiento de Breda.Muchas gracias. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

H.A.T. & La "PORTEÑA",NOVIEMBRE DE 1966

Gracias al colega redpeyote podemos disfrutar de esta contracaratula del segundo disco de la PORTEÑA JAZZ BAND para el sello TROVA.Siempre es un placer volver a leer al maestro de periodistas Homero Alsina Thevenet.



martes, 31 de enero de 2012

La dificil situacion de ALFREDO ESPINOZA

A los 69 años, el saxofonista está aquejado de enfisema y sufre de un deterioro mental. por Jorge Letelier
Ocurrió en diciembre de 1995, en Valparaíso. El trombonista italiano Duccio Castelli recorría los cerros buscando el rastro de Alfredo Espinoza, legendario jazzista chileno que brillara en Buenos Aires y París en los 70, y al que parecía que se lo había tragado la tierra. Indagando, llegó a una casa donde un sujeto flaco, sucio y deprimido, rodeado de colillas de cigarros, llevaba casi 10 años tirado en un colchón. Era Espinoza. Ambos habían sido compañeros en la Retaguardia Jazz Band, combo dixieland al que Espinoza se había unido luego de su regreso a Chile, en 1980. Pero un día, el saxofonista no apareció más. Algunos decían haberlo visto en una plaza leyendo libros de filosofía. Otros, que se había muerto. Castelli lo "revivió". Tanto, que tiempo después, un programa de TV llegó para hacerle un reportaje. "Era sobre problemas médicos", recuerda. "Y lo titularon 'El caso Espinoza': hablaba un siquiatra que decía que era un típico caso de esquizofrenia extrema, sin recuperación", agrega. Castelli, testigo de sus avatares, desempolva la anécdota por la salud actual de Espinoza, quien sufre de enfisema pulmonar. "Tocamos juntos, viajamos. A veces se iba de los hoteles y se metía en líos. Había que cuidarlo, porque si no, no cumplía". En París, Espinoza se ganó el título de "el Charlie Parker chileno". Hoy casi no toca. Vive con su hermana en Conchalí, recuperándose de la enfermedad. Pero, además, su salud mental se ha deteriorado. "Ya no es el Alfredo de antes", comenta su amigo y socio musical Giovanni Cultrera, con quien armó la banda Cultrera, Espinoza y Cía. "Tiene un problema físico, toca un tema y se agota. Además, ha tenido cuatro derrames cerebrales, y creo que ya no volverá a tocar", agrega. Hace unas semanas se hizo un concierto para recaudar fondos en su ayuda, y el 28 de febrero se realizará otro en el Teatro Municipal de Valparaíso. La fama y el regreso Su historia daría el tono de un biopic hollywoodense, de esos de rápido ascenso y caída a pique. Nació en Valparaíso en 1942, a los 11 años se fue a Buenos Aires y a los 17 integraba tres orquestas. Antes de los 24 era estrella de la Porteña Jazz Band, la más importante agrupación bonaerense de swing. Admirado por la crítica, era conocido como "el chileno", mucho antes que Marcelo Salas. Luego de una gira por Europa, Espinoza prueba suerte en París. En una jam session, toca con la banda Les Pieds de Poule: "Te quedas acá, no te muevas más", recuerda Espinoza que le dijeron. Grabó discos, hizo la gira del Tour de France, y alimentó la leyenda de que tocaba igual que Parker. "Vino a llenar el lugar de Sidney Bechet (jazzista de Nueva Orleans radicado en París), por eso impactó tanto", cuenta Castelli. Estaba en la cumbre de su carrera. En Ibiza conoció a una estadounidense. Se enamoraron y se casaron. Ella le dijo que quería conocer Buenos Aires. Y Espinoza regresó. "Los franceses me decían: ¿para qué te fuiste? y en Argentina me retaban: ¿para qué volviste?", cuenta. Volvió a la Porteña, pero su mujer lo dejó, y en 1980 retornó a Valparaíso. Luego de su ausencia de una década, volvió con todo: formó Cultrera, Espinoza y Cía., grabó discos y ganó un Altazor. Pero está inmovilizado. "Está un poco peor que hace cinco años, pero mucho mejor que hace 20", afirma Castelli, quien acaba de terminar una biografía sobre Espinoza en Italia, y busca editorial para lanzarla en Chile. "Tuvo la mala suerte de nacer en el momento y lugar equivocado. Si hubiera estado 30 años antes en EE.UU., sería de los importantes", remata. 1-http://www.jazzitalia.net/Artisti/ducciocastelli.asp http://diario.latercera.com/2012/01/28/01/contenido/cultura-entretencion/30-98787-9-el-dificil-presente-de-alfredo-espinoza-el-jazzista-chileno-que-triunfo-en-paris.shtml

viernes, 30 de diciembre de 2011

Los 69 años de ALFREDO ESPINOZA

Es una leyenda del jazz chileno, y pocos lo saben. Alfredo Espinoza, el saxofonista que se hizo de un nombre en Buenos Aires y luego brilló en la escena sincopada de París, ha construído un mito subterráneo que lo ha hecho ser apodado el "Charlie Parker chileno" por su brioso talento, y también por sus dramas personales. Espinoza, que hoy cumple 69 años, no pasa por un buen momento. Aquejado de una afección pulmonar, se encuentra alejado de la música y por ello hoy, sus amigos músicos le han organizado un concierto a beneficio en Matucana 100 para ayudarle a solventar los gastos de su enfermedad. Será un encuentro en torno al swing, la corriente en que Espinoza ha destacado, primero en Retaguardia Jazz Band y actualmente en Cultrera, Espinoza y Cía. "Hemos tocado desde hace 8 años juntos con Alfredo, y lo conozco desde los 80. Hace cinco meses que está alejado, por problemas de salud, pero siempre está cercano a nosotros", dice Giovanni Cultrera, el pianista y gran amigo del saxofonista, quien estará junto a su banda en el concierto de hoy, que además será grabado para luego editarse como una placa en vivo. El concierto de hoy en Matucana 100 lo organizó la cantante Bárbara Wilson, y estarán además la Conchalí Big Band, la más fértil factoría de talentos del jazz joven nacional, y la propia Bárbara Wilson. Espinoza asistirá también pero no es probable que pueda tocar, dado su estado de salud. "No creo que aguante tocar más de un tema. Su estado no es bueno", agrega su hermana Gladys, quien cuida al músico nacional. Espinoza despuntó a muy temprana edad en Buenos Aires, donde estaba radicado con su familia, a fines de la década del 60. A los 17 fue miembro fundador de la Porteña Jazz Band, uno de los grupos más legendarios de la escena bonaerense ("uno de los mejores del mundo en el jazz clásico", dice Cultrera). En una gira europea de la Porteña Jazz Band, Espinoza decide quedarse en París, donde integró un par de orquestas y recibió los apelativos de "Le Chilien du Saxophone" y del "Charlie Parker chileno", tal como lo describió el documental Escape al silencio, Notas de vida de Alfredo Espinoza, de Diego Pequeño. Cuando estaba en el mayor momento de su fama europea, Espinoza decide volver a Argentina con su esposa estadounidense, y en 1980 regresa a su natal Valparaíso, luego de separarse. Comenzó a frecuentar la escena jazzística porteña y luego, debido a una depresión severa, se aleja de la música y se recluye durante casi diez años. Luego, sin tratamiento alguno, decide volver a la música y desde el 2004, toca junto a Giovanni Cultrera en Cultrera, Espinoza y Cía. la agrupación con que ha trabajado hasta ahora. "Es conocido y apreciado. Un genio de la música, con eso le digo todo", finaliza Cultrera, el pianista que ha formado con espinoza, uno de los dúos más aplaudidos de la escena local. http://www.latercera.com/noticia/cultura/2011/12/1453-417781-9-realizan-concierto-en-ayuda-de-alfredo-espinoza-leyenda-del-jazz-chileno.shtml

jueves, 5 de mayo de 2011

ESCAPE AL SILENCIO

Un documental de Diego Pequeño

Sinopsis

Durante los años 70s, llega a París un extravagante saxofonista de jazz proviniente de Chile. Su nombre es Alfredo Espinoza. De inmediato destaca entre los músicos locales por su técnica, swing y expectaculares solos. Este talento lo lleva a tocar en importantes circuitos del jazz tradicional europeo e, incluso, a visitar África. Hace amigos, admiradores y vive una época feliz de música y bohemia.





Sin un motivo claro, Alfredo vuelve a su país para vivir con su madre. Prontamente se integra a la escena jazzística chilena, pero una larga enfermedad mental lo deja perdido en un cerro de Valparaíso por más de diez años, lejos de su música y las bellas melodías que tanto encantaron a personas de muchos países diferentes.



Dos amigos que viven en Europa trataron de encontrarlo y ayudarlo en esta época oscura y silenciosa. Ahora, diez años más tarde, ellos viajan a París para encontrarse con el mito musical que ronda la figura de Alfredo Espinoza en Francia.





De pequeño busquilla a la excelencia, a conocer el mundo. Del mundo a la gloria y de la gloria a la desaparición.

Por Sergio Benavides T./La Nación Domingo
De la muerte al mito. Del mito a la resurrección. Un par de líneas que sin mayores ambiciones podrían resumir telegráficamente la historia de Alfredo Espinoza, músico de jazz que junto a su saxofón trazó un circuito propio para desarrollar su arte en un género en el que se posicionó por excelencia y que casi lo llevó a besar la locura, de la que salió sin medicamentos y sin darse cuenta, con reglas y amor de una hermana abnegada.

Como muchos, el relato comienza en los cerros chascones de Valparaíso, precisamente en “el Cordillera”.

Único hombre y mayor de tres hermanos, que luego de la muerte de su padre marino, viajan en caravana siguiendo al nuevo amor de su madre, un jinete. Parte de una infancia que pasó por Argentina donde tuvo sus primeras agrupaciones y acercamientos más serios a las corcheas.

Sin embargo, años antes su padre, luego de perder su trabajo de marino y dedicarse a la importación de lo que viniera para llevar marraquetas calientes a casa, le regaló el primer instrumento, una armónica que no dejará de tocar imitando los acordes de la radio o lo que suene en su recorrido cada día más aventurero.

Fue mientras vivía en San Isidro y su padrastro golpeaba con una fusta a su caballo por el hipódromo de Palermo que entró a los primeros ensambles musicales.

Un maestro le dijo que su instrumento debía ser el celo, pero que necesitaba alguien que tocara el clarinete (así le sucederá en varias ocasiones). Aprendió rápido. En un año avanzó lo que otros se demoran tres en el flaco instrumento. Ya asomaba su virtuosismo que años después lo llevaría a otras escalas.

Se consagrará en La porteña jazz band, mítica agrupación del género tradicional y casi un espejo de la rama musical que en los 20 y 30 parió Nueva Orleáns. Ahí practicó repertorios que incluía obras de tipos como Duke Ellington, Fletcher Henderson, Chocolate Dandys, Mac Kinney Cotton Pickers… etc.

Pero en Estados Unidos no estaba el circuito al que aspiraban los jóvenes talentos sudamericanos. París era la capital de ese arte en los 70. Para entonces los grandes del jazz ya habían trazado nuevos caminos donde la fusión con lo moderno o la creación de nuevos estilos eran devorados por audiencias con sed de novedades.

Espinoza coquetea con los “modernos”, aunque arriesga el castigo de los conservadores. No le importa. Sigue olfateando los nuevos sonidos y los idiomas, otra pasión que más tarde se juntará con la filosofía, los ensayos y la historia.

Llegará al saxo alto por la ausencia de uno de sus compañeros, y media hora antes de un concierto deberá cambiar la escala del clarinete al nuevo instrumento del que no se despegarán sus dedos.

Para el mito queda el resultado de una tocata inolvidable donde el debutante en el saxo Espinoza tuvo una presentación notable.

EN PAPEL DE DIARIO

Ya en Barcelona, decidirá ir a París. Esta vez el viaje lo hará solo. La fracción de La Porteña que realizó la gira regresa a Buenos Aires, pero Alfredo parece improvisar en la vida igual que en una jam session.

No le tiene gran cariño a lo material, incluso su saxo viaja envuelto en papel de diario. Duerme donde puede, donde alguien le ofrezca. Come lo que hay. Continúa con su regla de espontaneidad y entra en los bares donde pregunta por las mejores bandas de jazz. Ojos se posan sobre su figura extraña, de bicho raro. Pero le bastaba pisar el escenario para que todo tomara otro rumbo.

Se transforma en un referente, graba su música y viaja a África para trabajar. Ya no está sólo en los clubes, sino que gana dinero en montajes quizás más turísticos, pero mejor pagados.

En cinco años se hizo un nombre, tocó con los mejores y creó lazos que más adelante lo sacarán de una profunda depresión. El camino de regreso fue extrañamente muy parecido al de ida. Pero algo cambió.

Hay quienes sostienen que perdió el hambre. Y que su esencia artística, que no permite competencia, terminó con el equilibrio cuando llegó a Argentina involucrado en una relación con una escritora norteamericana que le dio su primer y único hijo.

Se desconocen las causas, pero la mujer decide partir a Estados Unidos y nunca más se ven. Alfredo deja Buenos Aires y Santiago lo reconoce en 1980 por primera vez como un músico consagrado.

No le cuesta nada que reconozca su talento. El trabajo realizado en La Porteña y la leyenda que corría de boca en boca de sus peripecias en Europa ya se habían colado por los circuitos chilenos y su figura coqueteaba con el culto.

La Retaguardia Jazz Band será la apuesta indicada para sus solos y melodías.

Y de pronto el silencio. La gente no lo entendía. En las barras, Alfredo hablaba de filosofía, Nietzsche, Artaud y los Fenicios. Tenía una juguera en la cabeza. Los mismos que adoraban sus presentaciones en el escenario lo miraban con extrañeza cuando se bajaba de él.

Hasta su desaparición lo comparaban con Charly Parker, y al igual que el pájaro en el escenario era monstruoso y fuera de él, incomprendido. Se habló de bipolaridad y esquizofrenia, de depresión, una nebulosa en la historia.

En un momento pensó que le querían robar su música, o alguna nota. Él seguía tocando sin esa nota que le habían robado…

Su madre enviudó de un tercer matrimonio y Espinoza volvió a Valparaíso. Dos amigos (Duccio Castelli, Marcelo de Castro) fundamentales en el documental, tratarán de encontrarlo. Espinoza no lo reconoce, pero no volverá a poner la boca en su saxo alto en 10 años, hasta…

La obra de Pequeño

El realizador Diego Pequeño cree que la palabra melómano le queda grande. Sin embargo, es un conocedor del jazz y de otros géneros musicales y se interesó por Espinoza luego de una entrevista en vivo que escuchó hace años en el Thelonious.

Postuló tres veces al fondo audiovisual hasta que consiguió recursos para desarrollar el proyecto.

“Siempre existió el mito. Hay gente que dice que en París hay escuelas donde se estudian sus solos, etcétera. Por eso creí necesario viajar y ver qué tan real eran esas historias”, cuenta Pequeño y agrega: “No es una película informativa, no quise contar todo aunque siempre está la tentación de los datos. Pero en realidad quise alejarme de la historia y contarla a nivel sensitivo. Es el mito del músico. Se pueden hacer analogías con otros y puede haber historias parecidas, y esta fue una forma de contarla. Fue hacer un pequeño registro de este músico chileno globalmente desconocido, pero que generó un mito y se transformó en parte fundamental de la historia de la música de Chile”.

http://www.lanacion.cl/escape-al-silencio/noticias/2009-11-14/182323.html

http://www.canal-u.tv/themes/lettres_arts_langues_et_civilisations/langues_litteratures_et_civilisations_etrangeres/espagnol/civilisation/entretien_avec_alfredo_espinoza_rencontres_2011

martes, 27 de abril de 2010

Buen swing desde CHILE

Bárbara Wilson & los Maestros del Swing Jazz from Diego Pequeño on Vimeo.

Bárbara Wilson & los Maestros del Swing Jazz interpretando el tema What a Little Moonlight Can Do.



Este es un tema grabado originalmente por Billie Holiday.



Acá una versión de Bárbara Wilson en Thelonious, Lugar de Jazz en Santiago de Chile el 25 de abril del 2009.

lunes, 29 de junio de 2009

ALFREDO ESPINOZA




Nació en Valparaíso (Chile) en 1942. Es considerado una leyenda del jazz tradicional: es uno de los mejores saxos altos de la actualidad y recorrió diversos escenarios de América del Sur y del mundo con su habitual sencillez.
Emigró muy joven con su familia a Buenos Aires, donde incursionó en clarinete y saxo en los años 60. Su habilidad innata lo llevó, siendo todavía menor de edad, a integrar simultáneamente conjuntos bonaerenses de música dixie: los Dixie Sincopators, los St. Louis Stompers y los Kansas City Stompers. Una función sorpresiva con esta última banda lo encontró sin su clarinete a mano. Le pidieron que tocara un saxofón alto. En treinta minutos comprendió y dominó las transcripciones de digitación del clarinete al saxo. Esa noche lo tocó con maestría. Fue su año cero como solista del saxo alto.
Como tal, integró la Antigua Jazz Band y la Porteña Jazz Band de Buenos Aires, y otros grupos en Europa. En la actualidad integra diversos conjuntos en Chile como la Retaguardia Jazz Band y el combo dirigido por el destacado y legendario pianista Giovanni. Es, seguramente, el más creativo de los solistas chilenos del jazz.



Bárbara Wilson & los Maestros del Swing Jazz interpretando el tema What a Little Moonlight Can Do.

http://barbarapazwilsonmoya.blogspot.com/2009/05/alfredo-espinoza-es-un-talentoso-musico.html


Bárbara Wilson & los Maestros del Swing Jazz from Diego Pequeño on Vimeo.




Voz: Bárbara Wilson
Saxo alto: Alfredo Espinoza
Guitarra: Fernando Otárola
Contrabajo: Nelson Arriagada
Batería: Jorge Rodríguez



Tal como se describe desde su esencia, la génesis de la Retaguardia Jazz Band se encuentra entre las motivaciones de un grupo de músicos amateurs. Aún sin alcanzar la mayoría de edad, en 1957 los estudiantes universitarios Antonio Campusano y Roberto Millar arribaron a la vieja casa de McIver donde se emplazaba entonces el Club de Jazz. Tras conocer en 1958 a Domingo Santa Cruz, un número no menor de jóvenes aficionados comenzó trabajar en un taller jazzístico en el Club de Jazz. Unos meses más tarde el conjunto tomaba forma y adoptaba el nombre de “Retaguardia” para apuntar su compromiso con la música que se ubicaba “atrás” en el tiempo (las escuelas de Nueva Orleans, Chicago o Kansas City).
Dado su carácter amateur, la agrupación comenzó entonces una rotativa de músicos en todas sus líneas, salvo entre los tres fundadores. En la década siguiente, una pequeña facción del grupo se convirtió en la Mapocho Washboard Band, que ingresó al estudio en 1973 para grabar un single. El impulso se trasladó luego a la Retaguardia en pleno, que grabó los álbumes Años 1920-1930 (1974) y El jazz de la retaguardia (1975). Fue la época en que logró una fisonomía consistente y un crecimiento notorio como banda.
Al comenzar los 80 vinieron nuevas grabaciones. Retaguardia Jazz Band, volumen 3 (1980), Retaguardia Jazz Band, volumen 4 (1983), Retaguardia Jazz Band '88, 30° aniversario (1988), editados de manera independiente, describían a una agrupación muy afiatada, infinitamente más sólida que en los años 60 y orientada a la improvisación en bloque.
(Iñigo Díaz en www.musicapopular.cl)
. http://rockyjazzenchile.blogspot.com/2006/09/retaguardia-jazz-band-vol.html





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