sábado, 26 de septiembre de 2009

FATTORUSO 2009

Fattoruso todoterreno

Por Manuel Barrientos El gran músico uruguayo Hugo Fattoruso, de gira con Jaime Roos, presentó un nuevo disco en Buenos Aires y se prepara para tocar en España y Japón

La sala de La Trastienda está en silencio y en penumbra. Sobre el escenario, Hugo Fattoruso toca el teclado, sólo lo acompañan sus auriculares. Son las siete de la tarde y faltan, al menos, tres horas para que salga a tocar junto a Jaime Roos. Pero ahí está, solo, tallando la forma de una nueva composición que surgió unas horas antes, mientras descansaba en el hotel.
“Mi hobby es buscar cosas en el instrumento, armar con diferentes notas un pedacito de música, que si quieren pueden llamarlo componer, aunque mi universo se limita a los tres, cuatro o cinco minutos que dura una canción. Esa inquietud abarca temas que tienen letra, temas que son boleros, o rancheras, y temas que sirven para tocar con diferentes formaciones en un concierto de jazz”, dice humilde.
El músico uruguayo volvió por estos días a Buenos Aires para presentar su nuevo disco de piano, Café y bar ciencia fictiona, y para acompañar a Roos en el espectáculo “Hermano te estoy hablando”. El flamante Café y bar ciencia fictiona es una suerte de continuación de Ciencia fictiona, también editado por el sello S-Music, en 2004. Según explica Fattoruso, “el concepto de estos discos es el de un pianista solo, no hay interplay alguno. No sé si es jazz, aunque tiene una mirada jazzística”.
El disco abre con una impresionante versión de “Drive My Car”, el clásico de The Beatles. En el tema, las manos del pianista parecen disociarse y una le contesta a la otra, variando las tonalidades. Fattoruso se ríe con modestia de la elogiosa descripción. “No hay nada para asustarse. Además, mi mano izquierda es bien durelli. En ‘Drive My Car’, para mí, la mano izquierda acompaña la mano derecha, que toca la introducción y la melodía, sólo cambia la tonalidad y algunos acordes”, dice, aunque concede que está satisfecho con la versión: “La encontré un día jugando en el piano. Me dije ‘¡fahhh, y esto, ¿qué es?!’. Pensé que me estaba equivocando, que estaba en otro tono, pero me pareció que no estaba tan mal”.

LOS SHAKERS
Fattoruso recuerda, ahora, aquellos días en los que escuchó por primera vez a la banda liderada por John Lennon y Paul Mc Cartney. “Era 1963 y mi juventud estaba realmente briosa, brillosa, llena de vida. La hija de la panadera de la esquina de casa viajó a Londres, trajo un disco y, como sabía que yo era músico, me dijo ‘¡mirá lo que traje, vení a escuchar, es de un grupo que salió allá y vende muchísimo, la gente está enloquecida!’. Quizá, en algún diario de Uruguay, ya había salido alguna noticia sobre ellos, pero yo no había leído nada”, recuerda.
Aquel primer tema que escuchó de The Beatles fue “She Loves You”. Le pareció “puro ruido”. A la semana siguiente, sin embargo, su visión sobre el grupo de Liverpool había cambiado de manera radical. Recuerda: “El bichito de querer ser igual a ellos ya me había pegado a la altura que todo el mundo sabe. Así que, con Los Shakers, intentamos esa copia casera imposible; aunque algo salió”.
Formado por Hugo, su hermano Osvaldo, Roberto “Pelín” Capobianco y Carlos “Caio” Vila, Los Shakers fueron la primera gran banda beatle de la música rioplatense. Su paso fue, a tono con la época, a gran velocidad. En 1965, lanzaron con éxito su primer disco simple, Rompan todo. Tres años más tarde ya estaban respondiendo al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band con el sorprendente La conferencia secreta del Toto’s Bar, que anticipaba la fusión del rock con sonidos locales, como la bossa nova, el candombe y el tango. Para 1969, la banda se había separado. Hugo y Osvaldo se radicaron en Estados Unidos y crearon una nueva agrupación, Opa, con la que experimentaron en la mixtura entre jazz, rock y la música latinoamericana.
El reencuentro de todos los integrantes originales de Los Shakers, en 2005, dejó a Fattoruso con gusto a poco. “El proyecto anduvo a los tumbos, hubo muchos desaciertos y tuvo muy poca repercusión. Si hubieran querido probar con el regreso, deberíamos haber grabado al menos tres discos para saber realmente qué podía pasar. Se necesitaba un proceso de, al menos, un año y medio; pero sólo propusieron un paquete, el nombre de la banda y nada más. Nadie vio tocar al grupo, hicimos sólo dos noches en el ND Ateneo. Además, era algo nuevo para nosotros, porque estábamos cantando en español y debíamos ver qué pasaba. Necesitábamos aprender, sopesar, indagar, desenvolver, progresar. Fue un esfuerzo truncado”, evalúa hoy.
De todas formas, no descarta un nuevo regreso del grupo: “Todo funcionó muy bien entre nosotros cuatro. Y si me dicen que quieren hacer algo de nuevo con Los Shakers, no hay problemas. Tengo una pila enorme de canciones nuevas que podrían encajar en el grupo. Y Pelín debe tener otras cuarenta. Así que si quieren juntarnos, hay que elegir entre esas canciones, ponernos a tocar y grabar”.

DE ESPAÑA A JAPÓN
Fattoruso acompañó en su carrera a músicos de la talla de Milton Nascimento, Djavan, Chico Buarque, Naná Vasconcelos, Hermeto Pascoal, Vernon Reid y Ron Carter. En los últimos años, se sumó a los espectáculos de su coterráneo Jaime Roos: “Sólo tengo palabras a favor de Jaime. Soy hincha suyo en varios aspectos, tanto como letrista, como arreglador y también como productor; creo que él llega al meollo del asunto”. En el anterior Ciencia Fictiona, brilla su versión de la milonga “Aquello”.
Además de esta serie de discos para S-Music, el uruguayo también acaba de grabar un álbum con canciones cantadas y otro disco con canciones instrumentales tocadas con secuenciador, que saldrán a la venta en los próximos meses. Con todo, Fattoruso aclara que está “pronto para grabar cuatro discos más: uno, de boleros; otro, de acordeón a piano; otro, instrumental; y uno más que haremos con el trío Fattoruso, que tenemos con mi hermano Osvaldo y mi hijo Francisco”.
El pianista también lidera la formación Rey Tambor, integrado por Diego Paredes en tambor piano, Fernando Núñez en tambor chico y Nicolás Peluffo en tambor repique. Con este grupo interpretan clásicos del candombe y composiciones propias. “Son personas increíbles. Tienen un gran aplomo y, cuando tocan, se comen a los niños crudos, porque eso es África. Son como una locomotora que te pasa por encima y te seduce, porque no es un derrumbe de golpe en los tambores, es armonía pura. Los tres tambores del candombe son un mantra que te destornilla la cabeza”, explica entusiasmado.
Con tanta música y formaciones, la agenda de Fattoruso es frenética. En los próximos días, acompañará a Roos en su gira española. Luego volverá a Montevideo para hacer un par de recitales como solista. Y en agosto, emprenderá su duodécima visita a Japón, donde, junto al percusionista Yahiro Tomohiro, formó la banda Dos Orientales. Durante la gira por veinte ciudades, van a grabar su segundo disco.
Entusiasmado, explica: “La verdad es que no consigo ni siquiera arañar la cultura japonesa, pero soy una esponja para todo lo que veo o escucho. Me encantan los estilos bien populares, como la enka. Cuando cantan las mujeres me conmueven. También me encanta la música de Okinawa y el gagaku, un género tradicional que tiene cinco mil años. Son músicas que vienen de muchísimos años atrás, no hay moda ahí, y eso me resulta fascinante”.


http://www.revistadebate.com.ar/2009/07/17/2105.php


Por Pablo S. Alonso
Para LA NACION - Buenos Aires, 2009
En una declaración de admiración hacia Hugo Fattoruso publicada por La Nacion en 2002, Luis Alberto Spinetta escribió que después de escuchar "Espero que les guste 042" estaba convencido que ésa era "la música perfecta, algo mejor y más moderno que Los Beatles". Para él, Charly García y otros contemporáneos, Los Shakers fueron los primeros artistas sudamericanos en producir una emoción comparable a la del grupo de Liverpool.
Sin embargo, en la última década sólo tuvieron edición local compilados del grupo hechos con poco criterio. Finalmente, sus tres álbumes de los años sesenta fueron nuevamente relanzados, con bonus tracks y el siguiente eslogan de Capif: "Una copia más, un músico menos". La advertencia no afecta a este grupo uruguayo: ninguno de sus integrantes percibe regalías o derechos de autor por estos discos, atrapados por un contrato de 1965. La inclusión de varios conteos preliminares no presentes en las primeras ediciones, un cartel incrustado en las portadas que arruina la reproducción del arte original anunciada, errores y omisiones en las notas y créditos (como la continua gaffe de "Fatorusso"), dan como resultado un caso paradigmático para repensar, más que el problema de la industria discográfica, el problema del artista.
En 1964, Hugo (voz, primera guitarra, teclados, armónica) y Osvaldo Fattoruso (voz, segunda guitarra) relegaron sus instrumentos principales (piano y bajo, y batería, respectivamente) para formar con Roberto "Pelín" Capobianco (bajo y voces) y Carlos "Caio" Vila (batería) un grupo moldeado en el sonido e imagen beatle . Los cuatro eran músicos experimentados, con un background profesional diverso, especialmente en jazz y, en el caso de Pelín, en el tango y la música académica. El éxito de sus actuaciones en la temporada de Punta del Este generó una convocatoria de la EMI-Odeón para grabar en Buenos Aires, que se convertiría en su base de operaciones.
"Rompan todo", escrita por Hugo (música) y Osvaldo (letra) desató una "shakermanía" que trascendió toda estrategia publicitaria. Aunque asociable con temas como "I saw her standing there" (Beatles, 1963), los cromatismos y modulaciones del tema dejan entreoír el bagaje jazzero de Hugo. De hecho, Los Shakers tenían una paleta armónica más elaborada que la mayoría de las bandas de la Invasión Británica. Así como el inglés rudimentario de sus textos no puede relegar la importancia de su obra, la evaluación de su album debut homónimo (1965) y singles de la época como un mero paso hacia mejores cosas revela una escucha snob; la misma que relativizaría a Los Beatles de 1963-1964, principal referencia en composición, arreglos e instrumentación. Los Shakers grabaron varios covers, en especial de Lennon-McCartney, pero la mejor versión de su carrera, "Red rubber ball", una canción de Paul Simon, no se incluye en estos relanzamientos.
Shakers For You (1966) los encontraba egresando cum laude del curso Beatles 65-66: trataban cada faceta de los ingleses como un género intrínseco, con sus propias gramáticas, como "Espero que les guste 042", el primer ejemplo rioplatense de psicodelia, inspirada en "Tomorrow Never Knows". "El niño y yo", el aporte más importante de Caio como autor, que por error en esta reedición se atribuye a los Fattoruso, fue versionada por Sui Generis. Algunas partes de guitarra recuerdan a The Byrds, uno de los pocos grupos de rock, junto a The Beach Boys, a los que Los Shakers prestaban atención, aunque no comparable con su fascinación por Los Beatles. Además de éstos, sus principales intereses incluían a J. S. Bach, Astor Piazzolla, Oscar Peterson, John Coltrane, Manolo Guardia y Joao Gilberto. La influencia de Brasil aflora en "Never Never" (gran éxito en ese país) y "Siempre te esperaré".
Cansados del juego y del negocio (veían muy poco del dinero generado), deseosos de otras experiencias, Los Shakers grabaron su canto de cisne, La Conferencia Secreta del Toto?s Bar , editado con la banda ya disuelta, sin promoción, a finales de 1968 en Argentina y al año siguiente en Uruguay. El grupo seguía expandiendo sus recursos compositivos y tímbricos (percusiones afrouruguayas, vientos, cuerdas, teclados). La sorprendente "Candombe" tomaba la posta del pionero Manolo Guardia (pese a conocer a sus integrantes, Los Shakers no sabían por entonces que El Kinto, con Eduardo Mateo y Ruben Rada, introducía en Montevideo el llamado candombe-beat), con el agregado de una guitarra distorsionada. "Más largo que el Ciruela" precede a "Laura va", de Almendra, en su cruce Londres-Buenos Aires, con el sentido bandoneón de Pelín y el violín de Antonio Agri, invitado ilustre en el álbum junto a Fats Fernandez, cuyas participaciones no se acreditan. Otras canciones perfectas son "Siempre Tu" y "Oh mi amigo", primero editadas en simple en 1966, y "El Pino y La Rosa", con un contrapunto entre el acordeón de Hugo y el cello de Pelín que provoca una felicidad difícil de explicar.
El retorno de Los Shakers (2005-2006) resultó positivo en lo artístico aunque anticlimático por su poca repercusión. Decididos a ofrecer material nuevo, editaron Bonus Tracks (Sony/BMG). Con las guitarras que aparecían ocasionalmente, mientras Hugo se concentraba en los teclados y Osvaldo tocaba a dos baterías con Caio, el disco pasó desapercibido para un mercado y una audiencia que no encuentra fácil lidiar con un album de pop (con gemas como "Volcanes", con música y bandoneón de Pelín) realizado por cuatro músicos que rondaban los sesenta. Bonus Tracks ya está descatalogado.
Hoy, Pelín continúa como contrabajista de la Sinfónica de Río de Janeiro e integra un grupo de cuerdas con hermanos e hijos, y Caio sigue como productor en Venezuela. Los caminos de Hugo y Osvaldo se cruzan en el Trío Fattoruso y el Cuarteto Oriental. Hugo toca con Jaime Roos y con Rey Tambor, una cuerda de tambores, pero también puede salir de gira con el percusionista Yahiro Tomohiro por Japón, donde el año pasado editaron Dos Orientales . Este año Hugo presenta Café y Bar Ciencia Fictiona (S-Music), grabado casi a solas con su piano (Osvaldo participa en un tema), donde las etiquetas de estilo siguen quedándole chicas. Osvaldo está contento, y con razón, por la salida, quince años después de su realización, del segundo album de Ta (Melopea), el proyecto que compartía con Mariana Ingold y Leonardo Amuedo. Contra las adversidades del medio, a fuerza de talento y pasión, los integrantes de Los Shakers lograron algo poco común: dejar su marca en cada territorio musical que exploraron.
© LA NACION


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1116319




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