"Los “Kelly’s Stables” no han cambiado de ubicación ni de clientela, pero sí de decorado y de nombre: el establecimiento es conocido hoy como “Mister Kelly’s”. A él concurrió el cronista en su última noche de sábado en Chicago invitado a cenar por un matrimonio que colabora en el agasajo a los visitantes extranjeros.
Tuvo la suerte de poder corroborar al escuchar personalmente a Erroll Garner, todos y cada uno de los conceptos que a su respecto había escrito años atrás comentando los discos de este popular artista, cuyo encuentro no había por cierto buscado.
Garner, que siempre ha tocado de oído, es esencialmente un solista que utiliza el piano de una manera orquestal, aprovechando todas sus teclas y posibilidades dinámicas, pulsando acordes plenos, cuya sonoridad sostiene, con los que se ingenia su propia sección rítmica.
Cuando quiere, puede tocar con fuerza y a la manera de los grandes exponentes del “stríde” de la escuela de Harlem; pero habitualmente prefiere ejecutar con su izquierda acordes en los cuatro tiempos del compás, con lo que remeda un acompañamiento de guitarra. En lo armónico, suele ser audaz hasta la disonancia y expresivo, y se solaza en acordes guitarrísticos a lo Freddie Green . En lo melódico- aunque puede acercarse a la complejidad de Art Tatum- prefiere divagar y entretenerse en el registro tiple del teclado, desinteresándose del tema que, como jazzman, tendría que tomar por base de variaciones . Con estos ingredientes en su estilo es Garner a veces un jazzman excelente, estableciendo cierta continuidad en el desarrollo de los estilos de jazz pianístico, situándose entre Thomas Waller y Art Tatum.
Pero hay otro Garner menos jazzman y más melodista para salón de cocktails de femenina clientela.Afecto a los adornos rebuscados e improvisaciones( a veces ricas en trouvaillies armónicas pero baratamente romanticonas) a la ejecución de acordes paralelos (“manos trabadas”) y arpegios, al rubato, al trémolo y la reiteración de notas para decir con cuatro semicorcheas ...lo que bien podía dejar dicho con una negra.
Y asi fue Erroll Garner aquella noche en “Mr. Kelly’s”:acicalado y gomoso, aderezando su modestísimo show con algunas tosecitas oportunamente colocadas entre pieza y pieza, con algunas miraditas de soslayo hacia los más cómodos rincones de la tan lujosa como acogedora sala y con algunas secadas de transpiración fronto-parietal, el hombre tocó una docena de piezas — algunas, de su propia cosecha; otras, tonadas de momentánea circulación bastante parecidas entre sí- y sólo en la última, como para tener derecho a ser aplaudido hasta por los amantes del jazz, sacó a relucir sus mejores recursos y tocó masculinamente, comunicando su swing( que lo posee ) y muestra cuando desea.
Por supuesto que el cronista no esperaba escuchar, en una noche de sábado de 1969 y en un restaurante de tono, jazz pianístico del tipo que ocuparía uno de esos "discos para llevar a una isla desierta”; pero, a la vez, pensaba que esas mismas paredes y eso mismos ladrillos habían vibrado con el purísimo jazz de Johnny Dodds — uno de los jazzmen más cabales de todos los tiempos, que nunca vendió aquellas notas que le salian del corazón— y esa noche estaban escuchando- como quien oye llover- estas fruslerías. .."
(Juan Rafael Grezzi , "Recuerdos de Chicago",en El Dia,Montevideo,11 de agosto de 1974 )


