martes, 2 de abril de 2013

Alfredo Radoszynski: la historia de TROVA







“La música es una de las mejores cosas que puede tener el ser humano”

por Ignacio Peña






No es muy difícil notar que Alfredo Radoszynski es alguien que vivió todo tipo de situaciones y anécdotas inolvidables. Basta con ponerse a hablar sobre sus trabajos en Trova o de su relación con los músicos para que recuerde distintas historias únicas. Pero más allá de todas las posibilidades de conocer y relacionarse con artistas que le brindó su oficio, Radoszynski en la base es y siempre fue un apasionado por la música. “La música me acompañó toda la vida. Hay veces que yo puedo estar trabajando y de repente paro porque alguna obra me tocó demasiado. A mí la música me hace llorar, es como si me estuviera contando algo. Es una de las mejores cosas que puede temer el ser humano, la música para mí es un amigo que me acompaña. Yo no estudié y capaz que hay cosas que no entiendo, pero las siento. Tengo el privilegio de trabajar con lo que me gusta”, suelta.

-Claro, más allá de que usted no estudió o no fue músico, tuvo la suerte de conocer a mucha gente y de vivir cosas muy fuertes relacionadas con este arte.
-Mirá, una vez, estando en Mar del Plata con Vinícius, me dijo que yo era músico. Le respondí que no había estudiado y que no sabía tanto. Y me respondió: “Está bien, no estudiaste, te creo, pero sos músico. ¿Sabes por qué? Porque hay músicos que se emocionan menos con la música que vos. Yo sé como vos sentís la música, no necesito que sepas leer una partitura ni nada, vos sos músico porque vos la vivís”. Nunca me lo voy a olvidar.





  El productor y fundador del famoso sello discográfico especializado en música brasilera y jazz Trova, cuenta sobre sus primeros encuentros con el arte, sus relaciones con los artistas y su amor incondicional a la música. Desde Astor Piazzolla hasta Vinícius de Moraes pasando por Les Luthiers, este hombre está eternamente agradecido por haber podido vivir experiencias inolvidables con todos ellos.

Si se busca información sobre Alfredo Radoszynski en internet posiblemente queden dudas sobre quién y cuál es su legado. Es probable que uno se entere de que fue el fundador del sello discográfico Trova, pero no mucho más que eso. La realidad es que este productor tuvo el privilegio de editar a músicos de altísimo nivel que admiraba y sigue admirando profundamente. Astor Piazzolla, Les Luthiers, Vinícius de Moraes, Toquinho, Enrique Villegas, Gilbert Bécaud y Maria Creuza son algunos de los varios ejemplos de artistas con los que Radoszynski tuvo el placer de trabajar. “Placer”, porque se trata de alguien que, antes que nada, es un amante de la música.

Generalmente se asocia la imagen de un productor discográfico a alguien preocupado únicamente por maximizar las ganancias de su empresa y con poco o ningún interés en los músicos que edita. El caso de Radoszynski es completamente opuesto a esta concepción de su oficio. “El consejo de que si algo es muy bueno hay que tener cuidado porque no se vende me lo dieron muchas veces en mi vida, y es algo que hasta el día de hoy no entiendo, me parece ridículo”, explica el fundador de Trova desde el living de su departamento en el barrio de Balvanera. Se trata de un hogar bien arreglado y simple, las paredes están adornadas por varias fotos, tanto de artistas solos como en su compañía.
  -¿Cómo fueron sus inicios en el mundo de la música?
-Me gusta esa pregunta porque es algo que muchas veces me lo consulté yo mismo. Supongo que tiene mucho que ver la influencia de mis padres. Nacieron en Polonia y a los 18 años mi padre se fue a Varsovia en donde se acercó al arte en general; le interesaban mucho el teatro y la música, siempre estuvo ligado a ese mundo. Luego se vino a la Argentina para casarse con mi madre. Y desde que tengo conciencia recuerdo que cada vez que venían los amigos de mis padres conocidos de Polonia a comer a casa, todos terminaban cantando las viejas canciones judías. Yo disfrutaba mucho de esas reuniones, era una cosa bárbara. Creo que mi padre, no porque se lo haya propuesto, me hizo llegar el amor a la música. Desde ese entonces yo sentí que eso era lo que me gustaba.
-¿Y de joven cómo siguió con su interés por la música? ¿Qué géneros le gustaban más?
-Yo era muy afecto al jazz. Lo sigo siendo, es una de las músicas que más me gustan, junto con la música clásica y la brasilera. De más joven ya escuchaba algo pero un vecino fue quien me mostró el jazz en serio, ahí se me abrió un panorama de la madonna. Con el tiempo empecé a hacer programas de música en la radio con un amigo que trabajaba en Radio Municipal. Parece que no los hacía mal porque seguí durante años ahí, (risas). Pero mis padres pensaban que estaba perdiendo el tiempo con el programa, que me estaba tirando para cualquier lado. Imagino que luego deben haber escuchado algo de lo que hacía porque un día mi padre me dijo que quería pedirme disculpas por dudar de mí y que se había dado cuenta de que yo me lo tomaba en serio. Son todas imágenes enormes las que me dejó mi padre.

Pero la historia de Alfredo Radoszynski quedó marcada en la década del 50 cuando, de la mano de un amigo con contactos en Estados Unidos y con ayuda monetaria de su psicoanalista y sus colegas de la clínica en donde se analizaba, fundó el sello Trova Industrias Musicales S.A. El consejo de crear una compañía discográfica se lo dio su psicoanalista, que sabía de su interés por la música. Luego de pensarlo un tiempo se organizó y lo llevó a cabo. “Pero al comienzo no teníamos con qué grabar a la gente, teníamos que empezar con licencias de discos para editar. Entonces empezamos a trabajar junto con compañías de música clásica, de música popular y alguna que otra cosa. Y de a poco fuimos creciendo”, cuenta Radoszynski.
 “La verdad es que no me acuerdo con quién empezamos a grabar para Trova”, reflexiona y agrega: “Pero un par de años más tarde tuvimos la oportunidad de editar al Cuarteto Vocal Zupay; más tarde, a Susana Rinaldi y, un poco después, un día apareció Piazzolla”. Astor Piazzolla, quien para la época ya tenía una carrera y varios discos, fue personalmente a buscar a Radoszynski para trabajar ya que no estaba conforme con la compañía con la que trataba en ese momento. El contrato con la otra empresa seguía vigente por cuatro meses por lo que, luego de consultar al abogado del tanguero, empezaron a grabar a escondidas al tercer mes lo que más tarde sería la placa María de Buenos Aires editada en 1968 (al año siguiente Trova publicaría el famoso clásico Adiós Nonino). “Grabando a Piazzolla tuve una experiencia de la que no voy a olvidarme nunca. Estábamos con el técnico del estudio grabando y en un momento dado Piazzolla vino a escuchar una toma de una canción y nosotros le dijimos que sería mejor que él la escuchara solo. Nos insistió pero nos fuimos igual, no entendía por qué no nos quedábamos para escuchar la toma todos juntos. Nunca entendió por qué lo dejamos solo en ese momento, salimos del cuarto para no entorpecer lo que él estaba escuchando porque se nos caían las lágrimas de la emoción de lo que había hecho”, recuerda. Años más tarde se realizó un homenaje a Piazzolla en la ciudad de Buenos Aires, en el que Radoszynski planeaba confesarle al músico la verdad de aquel día. Pero como el intendente de la ciudad se tenía que ir más temprano, dio un discurso y dejó sin tiempo al productor para hablar. “Nunca le pude confesar cuál fue la verdad, después se murió y no se lo llegué a contar”, expresa.

  -¿Cómo se dio el contacto con Les Luthiers?
-Yo ya había visto en vivo a I Musicisti, una banda formada por algunos integrantes de Les Luthiers con la que ya hacían cosas del estilo de lo que hicieron más tarde, y quedé maravillado, me volví loco. Más tarde se formó Les Luthiers y, uno de ellos, Carlitos Nuñez, me vino a visitar para grabar. Pero cuando fuimos al estudio no había forma de tomar los instrumentos informales que ellos usan y terminó quedando en la nada. Pasó un año y me levanté con una idea de cómo se podía grabar, no sabía si serviría o no, pero era tanto lo que me gustaba la música suya que lo volví a hablar con ellos. Entonces fuimos y logramos empezar a grabar, ellos quedaron contentos y, naturalmente, yo también.
-¿Y su relación con ellos cómo era?
-Muy buena, para cuando les propuse por segunda vez de tratar de grabar ya éramos amigos; me decían “no queremos que pierda guita”, se preocupaban por mí. Por suerte los convencí y seguimos adelante. Si tengo que nombrar algunas de las cosas que me emocionaron mucho en todo lo que viví nombraría a Les Luthiers sin dudarlo, fue un honor grabar a gente de un talento tan grande. Era algo increíble verlos trabajar.
  -Da la impresión de que usted siempre fue de tener buenas relaciones con los músicos. Su relación con Vinícius de Moraes fue muy importante en este sentido.
-Y sí, me cambió la vida conocer a Vinícius. Yo lo fui a ver actuar en una fecha en La Fusa, un localcito en la avenida Santa Fe casi esquina Callao, en donde actuaba con María Creuza y Toquinho. Para la época ya teníamos una pequeña relación; les propuse grabar un disco y aceptaron. Unos cuatro días antes de la grabación me vino a visitar Vinícius a la oficina y me dijo: “Alfredo, ¿estás seguro de que querés grabar conmigo?”. Le respondí que sin duda alguna, que ya tenía reservado el estudio y demás. “Pero yo no soy un vendedor de discos”, me decía. Y era cierto, no era un cantante, pero abría la boca para decir un poema o cantar y era algo que a mí me llegaba por dentro. Así que lo aseguré y finalmente grabamos. Más adelante, un mes después de grabar, me lo encontré en Rio y me dijo por qué me había ido a ver ese día. Fue porque no quería que yo perdiera plata. Al final fue un disco que se vendió por todo el mundo y resultó tener mucho éxito. Pero mi relación con él fue creciendo con los años y terminamos siendo muy amigos; además se hizo muy amigo de mi mujer que también es brasilera (hace una pausa) bueno, Vinícius ya se me fue pero hay días que lo tengo adentro conmigo.




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