jueves, 24 de septiembre de 2009

CASALLA




Yo tenía apenas doce años y había acompañado a mis padres a un festival de jazz tradicional en Rosario. Eran jornadas maratónicas, que comenzaban con un parade promocional por la peatonal de la ciudad. El inefable Max Seligmann se calzaba su traje de Grand Marshall y detrás de él desfilaba una multitudinaria marching band integrada por músicos de todo el país que tocaban "Cuando los santos vienen marchando" una y mil veces.

La siesta, ritual ineludible en el interior (al menos en esas épocas), era descanso y aperitivo para las grandes veladas en el coqueto teatro El Círculo, donde podían tocar el pianista Tony Salvador, el trombonista Nelson Castro (de Bahía blanca), la Small Jazz Band de Córdoba e incluso Juanjo Hermida junto a Graciela Cosceri.

Después de la función, llegaba, acaso, el momento más esperado: un asado más multitudinario incluso que el jazz parade. Y aquí comienza esta historia, porque fue en ese asado que tuve el honor de conocer al legendario Carlos "Chingolo" Casalla.

Miembro de una familia esencialmente musical (es el tío de Javier Casalla, violinista de Bajofondo), "Chingolo" no sólo fue (es) un gran baterista de jazz, sino que también es un gran dibujante de historietas, que publicó en las páginas de la legendaria revista El Tony, de la editorial Columba. Creador de personajes emblemáticos, como el Cabo Savino y sus historias gauchescas, "Chingolo", esa noche, se puso a dibujar en la sobremesa. Todavía atesoro con mucho cariño esas dos servilletas de papel, con un retrato del Cabo Savino y con uno de los miles de caballos que dibujó en su vida.

Unos años más tarde, volví a cruzarmelo en la presentación del libro Orígenes y evolución del jazz, de su hermano Luis "Bicho" Casalla, querido y recordado trombonista de una de las generaciones más brillantes del jazz argentino. Esa noche le pedí que me haga otro dibujito, que todavía conservo.

En la edición #119 de RS (febrero de 2008) elogiamos La Chingolera, el disco lúdico-afectivo que bajo el rótulo de "Los Casalla", lanzaron "Chingolo" y Javier, junto con algunos amigos y otros miembros de esa familia equiparable a los Fattoruso en el Uruguay o a los Marsalis en los Estados Unidos. En ese disco grabado en Bariloche, donde vive "Chingolo", además del jazz (incluye grabaciones históricas de Eduardo, hermano de "Chingolo" y padre de Javier), hay incursiones en el folclore, en el rock y en ritmos caribeños.

Hace unos días, recibí una hermosa noticia. En el Espacio Historieta de sede Palermo de la Alianza Francesa (Billinghurst 1926) está colgada, hasta el 30 de septiembre, la muestra "Patagonia Brava". Se trata de una merecida retrospectiva de un artista genial, y allí se pueden ver obras en pincel, lápiz, aguada y otras técnicas. Además del Cabo Savino (¡por supuesto!) están Perdido Joe, Larsen, Capitán Camacho, El Cosaco y otros personajes que ilustraron prestigiosas revistas como Misterix, Nippur, Mágnum, D'Artagnan y Skorpio. Todavía no pude ir a verla, pero espero tener la suerte de encontrarme con el querido "Chingolo" y pedirle, con inocencia y admiración, que me dibuje, otra vez, un Cabo Savino para mi pequeña, aunque sentimentalmente valiosa, colección.



Autor: Humphrey Inzillo



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