sábado, 20 de junio de 2009

Boliches que ya no son ________________________________________

RICARDO GARCIA OLIVERI
Era un placer escucharlo al Mono Villegas. Cuando hablaba, también. Solía evocar sus actuaciones como un típico pianista de boliches, en aquellas épocas llamados nightclubs. El recordaba especialmente uno, el Jamaica, que estaba en San Martín y Viamonte desde los años 50. Otro local de la misma época fue Mogador, ubicado en Paraná 877.Es difícil que en cualquier tiempo pasado hayan existido tantos espacios dedicados al género como actualmente. Pero, y sin dejar de ser minoritario, el jazz siempre los tuvo en Buenos Aires. También cabría acotar que, en compensación, los existentes eran más constantes, más estables. Y que la actividad no era una vez por semana sino todos los días.Tal vez, otra diferencia estribaba en que no se trataba de shows temáticos sino que se armaban con un poco de cada música. En la breve pero intensa vida del 676, el boliche que puso Piazzolla a esa altura de la calle Tucumán, allá a principios de los 60 actuaban, en una misma noche de día hábil, el propio Astor con su memorable Quinteto; el contrabajista Jorge López Ruiz con su agrupación de jazz y, como número invitado, Joao Gilberto, que estaba en la cúspide de su éxito y de su neurastenia. Todo por el mismo precio. Y aún más: ya muy pasada cierta medianoche cayeron dos músicos del Modern Jazz Quartet, que se estaban presentando en el teatro Opera, llegaron después de comer para escuchar a esos fenómenos, y terminaron enganchados en una pizza (jam session, pero en porteño) que, como correspondía, terminó con la luz del día.Los diez años que abarcan la segunda mitad de los 60 y la primera de los 70 (hasta que llegaron la Triple A y la dictadura) fueron, probablemente, los mejores. El jazz estaba en los grandes escenarios y en boliches lujosos como el Embassy, de la calle Suipacha (que venía de mucho antes) y La Fusa, producto típico de esa época, sito en plena calle Santa Fe. Esto, entre los que albergaban músicas de otros tipos, pero que también tenía sus antros exclusivos. La cantante Lois Blue abrió su propio local, No Name, en el sótano de Sarmiento que antes había sido el Goyescas, dedicado a las variedades, y que después fue el teatro Olimpia. También estaba el Santa María, de Montevideo casi Córdoba. Además existían instituciones como el Hot Club y el Club de Jazz, liderado por otro gran impulsor, César Parisi, y los conciertos organizados por un especialista en divulgar el jazz desde la radio, Capuano Tomey.Sin embargo, en plenos años de plomo abrieron sus puertas La Ciudad, lujoso local de la calle Talcahuano; el ya legendario Jazz & Pop, de Chacabuco; Shams, de Federico Lacroze; y todos los de Palermo Viejo, El Ciudadano, La Trastienda y tantos otros.La que sigue es otra historia, y más reciente.
http://www.clarin.com/diario/1999/08/31/c-00402d.htm

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