viernes, 29 de mayo de 2009

HOT CLUB DE MONTEVIDEO


Hay una cueva que no muchos conocen. Está en Montevideo, en Durazno y Jackson, en el sótano de un restaurant y los viernes, allí, hasta altas horas de la noche o mejor dicho de las primeras horas de la madrugada se juntan los cultores de jazz uruguayos y aun aquellos que no lo son y llegan a tocar por el manido boca a boca. No hay peaje alguno, aquel que quiera tocar lo puede hacer y los temas de más puro jazz moderno, bossa o latin jazz, desfilan por el sótano de Jackson y Durazno.
No. No, es el Blue Note. Lo reconozco: no es un buen lugar para comer, no es cómodo, hay mucho humo (hay veces que parece una cámara de gas) y la mayor parte de las veces hay que estar parado pues las mesas y las sillas son pocas para lo apretado del lugar.
Pero uno puede llegar allí un viernes cualquiera, ahora empieza la temporada el 20 de enero, cansado después de la semana de trabajo y se llena de energía. Cada noche en la que uno llega al Hot Club de Montevideo, que de eso se trata, es arropado por la música de un piano fortíssimo a manos de Ricardo León, un virtuoso que con un cigarro mordido entre labios y un vaso de vino a su costado, hace de goma al piano, al que además, bien a la uruguaya y por la falta de presupuesto, le faltan algunas teclas. El "Bocho" Horacio Pintos, con muchas notas arriba del lomo, sigue llevando con mano fuerte al club y se enoja cuando el volumen está alto. El es el presidente, pero en el saxo es un maestro. El pelado Julio Guglielmi detrás de los parches parece que no luce, rara vez hace un solo, pero tiene un swing impresionante y es una muralla. Julio, maestro de bateristas que hoy brillan, está allí en el Hot Club. La noche se hace larga y en la guitarra está siempre, al firme, acompañado por su familia los Labrada: el padre Fernando, y el hijo, uno en la guitarra desgarrándose cuando hace sus solos y Nacho, el chico en el piano. En los bajos siempre hay alguien dispuesto a tocar toda la noche, pero el que llama la atención es el gordo Alvaro Pacello, que en cada tema parece que esta en medio de un orgasmo, pero cuando no está aparece un chiquito, que no se como se llama, y que toca y toca horas y horas con seriedad y solvencia. Y cuando nadie lo espera llega un tótem de la música popular uruguaya: Chichito Cabral. Si alguien quiere ver a uno de los referentes de lo mejor de la historia de la música uruguaya está allí, al alcance la mano, y capaz que le pide un cigarro. Es Chichito, inconfundible.
Es el Hot Club un club que no es de Toby, que llena de magia las noches de los viernes de un Montevideo que a veces es gris, pero que allí en la cueva del jazz es luminosa. El Hot que brilla desde 1950 cuando fue fundado y lo hace ser el más antiguo de América latina y por el que han pasado los mejores músicos del medio y del mundo, sin duda. Un club que no cobra entrada y que sorprende viernes a viernes.
http://antonio-ladra.lacoctelera.net/post/2006/01/11/el-hot-club-montevideo-cueva-del-jazz

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