miércoles, 22 de abril de 2009

ENRIQUE VILLEGAS:NOTA EN LA REVISTA "PELO"


Una banana en la oreja

Contradictorio y controvertido, lúcido y aclamado, Enrique “Mono” Villegas es algo más que un gran pianista. Pasó la barrera del tiempo y el éxito, y quizás por eso tiene un calificativo para cada música, en cada momento. Su idioma es el jazz, que ahora ha tomado para el rock una significación muy diferente del antagonismo de los comienzos. A través de esta nota quedó reflejada la vitalidad de un músico y su música, la potencia casi profética de Villegas, más allá del misticismo y la adulación.


Enganchada en un espejo, la tarjeta de fin de año de Ara Tokatlian desde Nueva York es la demostración de que el discípulo no olvidó al maestro, ése que con 55 años de jazz y 64 de edad tiene toda una historia de músico y de hombre. Pero esa dualidad es una síntesis: en Enrique Villegas, su personalidad no tiene sentido sin su piano, ni su piano sin él. Él es una unidad donde se confunde Erroll Garner con Horacio Salgán, el futuro con el pasado, la palabra con el acorde, la bronca con la broma, la calle con su individualismo.
Aunque no presente hacia mediados de año, como está en sus planes, el estreno mundial de la segunda rapsodia para piano y orquesta de George Gershwin en el teatro Colón, acompañado por Charles Mingus y Gerry Mulligan, Enrique Villegas hoy ya es símbolo de música. Que censure el rock o haya visto la película Woodstock, o elogie a Crosby, Stills, Nash and Young y Richie Havens es tan anecdótico como lo es cualquiera de sus recuerdos.

¿Qué sucede con la música en la actualidad?

Desde que comenzó el “show-business” en Estados Unidos, se terminó la música, todo es negocio, y ya dije que no hay música popular sino letras populares. El ochenta y tanto por ciento de la humanidad tiene una banana en la oreja y no siente ningún placer escuchando música. A nosotros, los músicos, nos gusta la música pura, no el canto. Yo soy enemigo de los cantantes, salvo rarísimas excepciones, cuando se usa la voz humana como un instrumento más. La paradoja es que la voz humana es el más perfecto de los instrumentos, pero nadie la usa como instrumento sino para hacer pulsaciones e histerias. Es horripilante: desafinan como perros y son ídolos populares que ganan millones de pesos. Además, le ponen tal cantidad de sonido que van a volver locos a todos los muchachos, porque no se puede escuchar música tan fuerte. Hay una parte de la juventud a la que le gusta porque está totalmente desorientada, porque no cree en nada; parece que sienten un gran placer en juntarse, uno al lado del otro, ciento cincuenta mil tipos para escuchar, por ejemplo, a Elvis Presley que grita y hace movimientos sensuales. Todas son sustituciones porque no tienen ninguna identidad.

¿A qué atribuís que tanta gente se identifique con el rock?


No tanta gente, porque no hay ninguna persona de treinta años para arriba que se identifique con el rock. Los que están con el rock son todos muy pibes, y muy explotados. Desde que los norteamericanos descubrieron que el hijo le sacaba un dolar al padre para comprarse dos o tres discos -porque los rompe en seguida- surgió todo este asunto con Bill Haley y no sé quién más. Además es una cosa, desde el punto de vista musical, totalmente horripilante que un tipo haga un ta-ta-ta durante diez minutos, sin ninguna variante; lo mismo que la letra repita el mismo sonsonete y a los gritos. Eso, para un músico que tenga oído, resulta insoportable. Esto ya lo relató Aldous Huxley en el libro “Un mundo feliz”. En la música de vanguardia, nadie toca el instrumento como es; le pegan, lo rascan, lo rompen. Esta barba (en alusión al redactor que lo entrevistó) y los pelos largos que usan ustedes son por imitación; son todos monos y eso que a mí me dicen el “Mono”. ¿Qué discos pasan por la radio? ¿Qué argentino entiende inglés?.

¿El jazz no es también una influencia externa?

No es una influencia externa. El jazz es producto de la rebelión de los negros, nada más; si los árabes no le hubieran vendido negros a los norteamericanos el jazz no existiría. Todo blanco que lo quiere tocar bien tiene que imitar a un negro. Además, los que estudian su instrumento sólo aprenden ese instrumento; en cambio, los negros imitan la voz humana con sus instrumentos en los blues. Cuando se toca bien, se necesita imaginación y no copiar a los demás, por eso hay muy pocos músicos de jazz desde que apareció hace cincuenta y tanto años. No sé en el rock, porque fue un gran negocio el que le ocurrió a un tipo con los Beatles. El contrasentido de esta música moderna es que se basa en la más antigua, que es la india, y empiezan a tomar temas que no tienen nada que ver con la melodía occidental. Lo mismo que los de jazz, de ahora se van al cante jondo, como Chick Corea, porque parece que no creen en el jazz. Y ahora en nuestro folklore se imita a los Swingle Singers y se incluyen ritmos de bossa-nova. Quiere decir que nadie cree en si mismo, por eso buscan identificarse con otro. No hay más identidad que ser uno mismo.

¿El músico blanco está capacitado para tocar buen jazz?


Los muy pocos músicos blancos que son buenos imitan a los negros. El jazz tiene su expresión propia, aunque hay músicos, como Gulda, que tienen un jazz propio. Gulda, europeo, es un gran valor en jazz, pero sus disco nadie los escucha. Una vez dije a una revista, cuando vino a la Argentina Weather Report, que acá los hinchas de jazz son despreciativos totales, hablaban en contra de ese grupo porque no entendían. Para mí fue el mejor conjunto de “free” que he escuchado, y ahora dicen que tocan rock por la compulsión, por el dinero.

¿Qué opinión tenés del jazz-rock?

Lo que pasa por el jazz-rock es el dinero, que crece compulsado por los gangster del disco. Pero yo no escuché jazz-rock, escucho jazz o rock. Y el jazz influyó hasta sobre el tango. Y si lo de Cobián no es tango, mucho menos lo de Piazzolla, quien es un gran talento; lo demostró con su obra.

¿Por qué creés que el año pasado Piazzolla elogió el rock? Para tener más audiencia, como lo del jazz-rock, pero te quería aclarar que una cosa es el rock’n'roll y otra la música progresiva, donde todos son nombres comerciales que no existen en realidad. Hay una serie de muchachos que no saben agarrar el instrumento en sus manos, y se meten a hacer estas cosas. Esto es un gran comercio ahora, hay no sé cuántos conciertos de rock, y hasta se inauguró una sala con tipos desconocidos. Y hay un nuevo camelo acá: la música que representa a la ciudad de Buenos Aires. A la ciudad de Buenos Aires no hay ninguna música que la identifique; la representan la generala, el futbol y las carreras, el escolaso y el cafisio. La música es un arte abstracto que existe gracias a los pocos compositores que ha habido. Esa búsqueda de la música de Buenos Aires parece que es una vanidad o no sé qué, no entiendo. ¿Qué es lo que le pasó a Waldo de los Ríos? Y ahí viene la gran incógnita: ¿por qué se suicidó?. Creo que porque, como músico, estaba frustrado: él despreciaba la prostitución que había provocado. Ya lo dije una vez: cuando un artista se está mintiendo a sí mismo y a los demás, para ganar dinero -y el dinero trae la prostitución-, se acabó. Como no puede pegarle un tiro a toda la humanidad, se pega un tiro él; suicidarse es pegarle un tiro a toda la humanidad, y termina con la molestia, la lucha, el fracaso. ¿Qué es el éxito? Es cualquier cosa, y se termina en un segundo; se pone otro tipo de moda y el otro se puede morir de hambre. Y todo está manejado por tres o cuatro tipos que tienen todo: los discos y la promoción, que es el dinero que se gasta en ganar la simpatía de unos u otros. Todo es una combinación de la sociedad de consumo. Hay cosas curiosas: por ejemplo, Les Luthiers. Tienen éxito en cualquier parte donde van, y eso es humor. Es decir que lo que quiere la gente es reírse, para salirse de la tristeza total de la vida cotidiana. Pero esto se me ocurre a mí, no tiene ninguna validez.


¿El jazz es sólo para un reducido círculo de seguidores?


El jazz no ha sido, no es ni será nunca popular, pero es perenne y universal, y siempre se está modificando en todo el mundo, a través de la imitación de los negros, por supuesto. Y el jazz interesa en el mundo entero porque es la creación. Todo es conocimiento, conocer es amar, pero en la música hay hinchas y parece que si hay gente a la que le gusta el tango tiene que odiar el jazz y el folklore. Y hasta parece que hay personas interesadas en hacer esa guerra, cuando la música es una sola. La única diferencia es la música buena o la música mala, hay buen rock y hay mal rock. Lo interesante sería crear un idioma de música, porque la música argentina no existe. No existe porque es española o italiana o húngara o vasca o boliviana o peruana, y estas dos últimas sí existen porque surgieron de los indios. Pero como todos los indios se murieron, no quedó nada. Por eso decía, haciendo un chiste, que el único tipo que nos podía dar la música que había en esta tierra era Solís, pero apenas puso un pié acá le encajaron un flechazo y al día siguiente se lo almorzaron opíparamente. Y todo el tango y sus compositores eran italianos, aunque por eso se enojan mucho conmigo, pero es la verdad, y a nadie le gusta saber la verdad. Ya lo escribió Ionesco para el diario La Nación: la osadía de no pensar como los demás. La música clásica -que en realidad no es tan clásica- rompió las reglas que existían antes y creó otras nuevas. El primero que empezó fue Debussy, después los tres vieneses: Weber, Alban Berg y Schönberg. Y posteriormente vino la música aleatoria. Y lo que va a decir qué es lo bueno y qué lo malo va a ser el tiempo, la perennidad; dentro de seiscientos siglos, veremos. Por supuesto, se seguirá tocando Beethoven y Bach, porque son infinitos. Bernard Sahw decía: “Lo mejor de la música popular es que no es popular por mucho tiempo”. El camino en el jazz se dio con Jerry Roll Morton, Fats Waller, Duke Ellington, Thelonius Monk, Charlie Parker y John Coltrane; pero ahora no sé desde qué perspectiva tocar el jazz, porque desde el 70 al 78 no escuché más jazz. Y no escuché porque me vine de Estados Unidos para aquí, y es allá donde está el jazz.


¿Alguna vez escuchaste rock?


Lo último que escuché de rock fue en la película Woodstock, cuando estaba en Estados Unidos. Ahí escuché a un grupo formidable: Crosby, Stills, Nash and Young. Me pareció el de más talento de todos los que tocaron ahí. Los ritmos que hacían me parecían extraordinarios, originales. Otro que me gustó fue un negro que tocaba solo, Richie Havens, que era fenómeno. Formidable su voz y su manera de cantar, tenía mucho de blues.

¿El blues es el nexo entre el rock y el jazz?


Claro, el blues es la base de todo. Sin blues no hay jazz. Y Count Basie siempre ha tocado blues, salvo cuando hizo algunos comerciales, que hasta toca en forma de blues. El blues es el fundamento de todo, como es la vidala en nuestra música. Hay muy pocos cantantes de vidala porque es lo más difícil de todo; es mucho más fácil la que hizo Ariel Ramírez sobre Alfonsina Storni (Alfonsina y el mar).

¿Qué rescatás de la música popular argentina?


Los dos grandes maestros son Atahualpa Yupanqui y Adolfo Abalos, el santiagueño Coco Díaz, el salteño Cuchi Leguizamón. Y ahora hay un pianista que toca muy bien que es Manolo Juárez. Y también está Polo Gimenez, que le dan poca importancia, pero todos ellos son compositores. En el caso de Giménez, primero recopilaba y después comenzó a meter sus propias melodías, siguiendo los moldes melódicos y armónicos, que son inexorables. Si una zamba no tiene tales o cuales modulaciones no es una zamba. Lo que pasa es que una mentira repetida millones de veces se convierte en media verdad, pero nunca en verdad completa, cuando sale la verdad, sonó la mentira.

¿Siempre pensaste que en los conciertos de rock hay demasiado volumen?


El otro día entré en el Coliseo, no sé quien estaba, y tuve que salir porque el sonido me tiró para afuera, no podía escuchar. No voy a los conciertos de rock porque le ponen demasiado volumen, al que le gusta la música eso no lo puede soportar. A los pibes, que no saben nada de música, eso les parece lindo, por eso los pianistas tocan perfectamente mal porque el público no entiende nada de piano; entonces cualquier tipo que toque es un gran pianista. Y ni el piano saben tocar, tienen un gran éxito, son buenos mozos, las viejas los adoran.


¿Sabías que últimamente se ha despertado un gran interés por el jazz entre los músicos de rock?

Estoy convencido de que cuando los músicos de rock entren en el jazz no van a ir más al rock, porque el jazz es un pasito más adelante. Lo mismo que cuando se sale de Chaicovsky se va a Debussy. La música siempre va hacia adelante, porque siempre ha habido tipos que rompieron todo, por ejemplo Mozart. No se puede explicar el fenómeno, porque desde los tres a los treinta y tres años escribió, y todo lo que hizo son obras maestras. Es inexplicable, solamente se comprende pensando en que Dios existe. Para probar lo contrario está Ginamaría Hidalgo.

¿Dónde se encuentra la diferencia entre el jazz y el rock?


La diferencia entre estos dos estilos se encuentra en la forma de tocar la batería, porque las frases son casi las mismas. Los riffs de ahora son los que hacían antes, hace muchos años, cuando se acompañaban solistas. Acá no, se hace la melodía principal de un riff, por eso un bajo tiene mucha importancia. Además, el “obstinato”, el repetir las cosas para que a fuerza de oírla la aprendan. Los músicos tampoco dominan sus instrumentos, salvo muy rara excepciones. Lo mismo ocurre con el dixieland, en el jazz, ninguno de sus músicos toca bien el instrumento, si tocan bien es porque tocan jazz moderno. Pero siempre se ha dado un enfrentamiento entre los músicos de distintos estilos: el de la típica contra el folklore, el de folklore con el de jazz, eso parece que está hecho así. Para mí, no, yo toco todo, menos rock. Porque además no está el piano en el rock, están todos los teclados eléctricos, el calefón, que los odio. El piano es el rey de los instrumentos, porque es una batería, una orquesta, porque se imita el agua, el fuego, todo, pero para el que sabe tocarlo. Yo tenía siete años cuando aprendí a tocar piano, y a los nueve empecé a tocar jazz, en el año ‘22.

¿Para vos la música es un lenguaje universal?


He terminado con la mentira de que la música es un lenguaje universal. La música es un idioma como lo es el inglés, el francés o el castellano. El que habla y conoce el lenguaje de la música la entiende; el que no, se asombra pero no siente ningún placer. Para nosotros, los músicos, escuchar música instrumental es un placer físico inexplicable, que entra por uno solo de los sentidos: el oído. Y gritamos de gozo y placer, compartimos las cosas, mientras que los tipos que están serios, duros, están listos; están exentos del exquisito placer de escuchar música, del que está exento la mayor parte de la humanidad. Eso me pone triste, porque escuchar música es gratis. La gente se aburre de la música, por eso, por eso necesita del ballet, la ópera, la palabra. Los pianistas y los solistas con orquesta tienen más éxito que la música de cuarteto y septiminos; la música de cámara no existe, es muy árida para el común de la gente. Ahora se cree que si a alguien no le gusta la música es ser inculto, y no tiene nada que ver. No es cuestión de cultura sino de oído, la falta de sensibilidad es porque no se ejerce ese sentido. Mi duda ha sido siempre si la gente entiende mi música; como el hombre miente…
Creen que comer caviar con champagne da status, aunque no les gusta. Cuando toco, sienten algo realmente, o estoy de ídolo, soy el “Mono”. No sé si porque me quieren tanto, aplauden. ¿Pero entienden algo?

FM URQUIZA

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